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Una Comunidad sin Barreras, Parte 5/7

Seccion 4: Las mujeres en los escritos de Pablo observaciones sobre Galatas 3:25-29

Pero ahora que ha llegado la fe, ya no estamos sujetos al guía. Todos ustedes son hijos de Dios mediante la fe en Cristo Jesús. Porque todos los que han sido bautizados en Cristo se han revestido de Cristo. Ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer, sino que todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús Y si ustedes pertenecen a Cristo, son la descendencia de Abraham y herederos según la promesa. 

Gálatas 3:25-29 

¿Como relacionamos éste y otros pasajes a nuestra practica común con respecto a las mujeres en la iglesia? ¿Como es que en el primer siglo, la iglesia era una isla de mayores libertades para las mujeres y esclavos en medio de un mar de represión general, mientras que en tiempos modernos los escritos de la iglesia primitiva a veces han sido usados para defender la practica de la esclavitud en contra de una creciente sensibilidad moral entre gente que reconoce lo erróneo de la esclavitud? Y similarmente, ¿no han sido estos pasajes citados para mantener el silencio y subordinación de la mujer en medio de una sociedad que hace posible que se reconozca y se valore la igualdad de la mujer? 

La situación en Galacia 

En esta carta, Pablo está escribiendo a grupos de cristianos, evidentemente en casa-iglesias de varios pueblos de Galacia. (Esta era una región étnica en el interior de lo que hoy llamamos Turquía.) Ellos eran enteramente gentiles (no judíos). Ellos habían recibido el evangelio de Cristo muy entusiasmados, aun de parte de un judío como Pablo. Pero después que Pablo se fue a otras áreas, otros maestros Cristianos habían venido a ellos. Estos maestros eran también judíos, pero a diferencia de Pablo, ellos creían que si una persona no judía deseaba hacerse cristiana, ellos primero tenían que convertirse en parte de la raza judía y tenían que guardar la ley de la circuncisión y otros mandamientos. Ellos decían que Pablo apenas estaba tratando de agradar a la gente y hacerles fácil el cristianismo al no imponerles éstas leyes (Gálatas 1:10). 

Pablo no tenía nada en contra de estas leyes – muy al contrario, en su carta a los Romanos, el las declaro – santas y justas y buenas” (Romanos 7:12) –pero el sabía que el imponer estas leyes como requisito para salvación cambiaría el evangelio de Jesucristo y ya no sería el evangelio (Gálatas 1:6-7). 

Debido a los maestros que habían venido a Galacia, los creyentes de Galacia habían visto levantarse una barrera entre ellos y Jesucristo. A ellos se les dijo que su fe en Cristo no era suficiente; su bautismo no era suficiente; su experiencia del Espíritu en sus vidas, transformando sus vidas por el fruto del Espíritu no era suficiente. Que ellos tenían que subir sobre la barrera de la ley porque sólo aquellos dentro de esa barrera eran salvos. 

A fin de sobreponerse a esa falsa barrera, Pablo les dice solamente: “ahora gentiles ustedes son tan buenos como los judíos; ahora pueden hacer prácticamente todo lo que quieran hacer.” Tampoco dice que los gentiles pueden ser salvos de igual manera que los judíos. Pablo lo dice de una manera más enfática, debido a que está en juego el significado del evangelio, traído a ellos por el bautismo en Cristo: el dice, “no hay judío ni griego!” Pablo está expresando aquí el nuevo ideal del evangelio, que el Señor en su muerte y su resurrección estaba creando una nueva humanidad que derrotó las barreras que el pecado había creado entre la gente: “Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos uno solo y nuevo hombre, haciendo la paz” (Efesios 2:14-15). 

Esclavo y libre; hombre y mujer 

Es sorpresivo que en este pasaje Pablo añadió los pares de contrastes “esclavo/libre” y “hombre/mujer.” Dentro del mensaje a los Gálatas, era el contraste judío/griego (judío/gentil) lo que fue central en el argumento de Pablo. El problema de Galacia era que Cristianos gentiles estaban siendo enseñados que ellos tenían que guardar la ley de Moisés y hacerse parte de la nación Judía a fin de poder ser salvo. 

La inclusión de las dicotomías esclavo/libre y hombre/mujer apunta al hecho de que este pasaje no solamente tiene las necesidades de los Gálatas en mente pero está sentando un fundamento general acerca del significado del bautismo Cristiano y la forma de vida que éste inicia. Cuando Pablo habla de revestirse de Cristo, el apunta a algo mucho más allá que el resolver los problemas específicos entre judíos y gentiles de Galacia. 

Pablo es consciente de las diferencias entre el libre y el esclavo y el hombre y la mujer y asume que sus lectores conocen y sienten la diferencia. En su ilustración para mostrar que los creyentes heredan la fe de Abraham, el apóstol refleja las practicas comunes en cuanto a la herencia. Los esclavos no heredaban nada, las hijas heredaban poco si es que heredaban algo, los hijos eran los que recibían la herencia de las propiedades familiares pero era el hijo mayor quien tenia más derechos que los demás hermanos. Su punto de ilustración es que los creyentes no son esclavos, pero que todos (hombres y mujeres, esclavos y libres, judíos y gentiles) son constituidos “hijos de Dios” y por tanto completamente herederos. 

Dando la espalda a la realidad 

A pesar de ese conocimiento común y lenguaje, todavía Pablo apunta a tres de las divisiones más obvias y más profundamente sentidas en esa sociedad y dice que todas tres han cesado de existir en Cristo. El proclama el cambio en el sentido más claro y enfático posible. 

La forma como éstas divisiones han cesado de existir es muy especifica de la fe Cristiana. Esta se centra en el significado del bautismo. En el bautismo el cristiano “se reviste de Cristo” (christon enedysasthe). La imagen básica es aquella de ponerse una prenda de ropa, pero Pablo tuerce la idea un poquito. Gálatas 3:26 dice, “En Cristo Jesús ustedes son hijos de Dios a través de la fe.” La transformación en Cristo es asumir una nueva identidad. Cuando nos vestimos de Cristo, no es solo el ponernos una prenda externa que se puede otra vez quitar y ser desechada. Esto es más bien en un sentido como ponerse o vestirse de la persona de Cristo. La nueva existencia que yo tengo y tu tienes es debido a que nosotros participamos en la persona de Cristo. Nosotros estamos en Cristo. Nosotros somos el cuerpo de Cristo, nosotros somos uno. 

Al darnos cuenta de esta profunda realidad espiritual despertamos al hecho de que las divisiones en la sociedad no pueden existir ni tienen significado alguno para personas nuevas las cuales han sido reunidas por la gracia de Dios que comparten en Jesucristo. 

El ideal del evangelio y la realidad de la vida en el mundo 

Pero! ¿No es cierto que el hecho que aún existan judíos y griegos, esclavos y libres, hombres y mujeres, con todos sus conflictos entre ellos contradice la verdad de lo que Pablo dice? 

No, no lo contradice. Pablo era consciente de que estas tres dicotomías no habían sido superadas en la iglesia. La entera carta a los Gálatas trata de la división judío/griego. Aunque no había leyes Romanas que particularmente reforzaran la división entre judíos y griegos y esto era materia de “solamente” superar una “ley religiosa” y costumbre y sensibilidad, el asunto era muy difícil y trató de agobiar el mismo carácter del evangelio. 

Las divisiones entre esclavo y libre y hombre y mujer fueron mantenidas no solamente por sensibilidad religiosa, sentido de lo que es apropiado, costumbre, tradición desde tiempos inmemoriales, y por una creencia general en la desigualdad de las dos clases, ellas también fueron reforzadas por la ley imperial y local a través del imperio Romano. 

En el aspecto legal y político del imperio Romano, ningún Cristiano podría hacer mella mucho menos cambiar la ley Romana concerniente a la esclavitud. Por lo tanto, cuando los escritores del Nuevo Testamento trataron con la esclavitud en la vida concreta, ellos no trataron de hacer lo que era imposible para su tiempo. Más bien, ellos ayudaron a los esclavos y aún a sus amos a aprender cómo transformar ésa estructura social desde adentro mediante los valores del evangelio. Pedro aun nos muestra una analogía entre el sufrimiento de los esclavos y el sufrimiento de Jesús en su muerte (Efesios 6:5: I Pedro 2:18). El, por tanto, cambio por completo para los Cristianos, la visión de como los esclavos y su experiencia debía ser evaluada. Si los esclavos cristianos como grupo se hubieran rebelado contra las leyes y contra sus amos, la comunidad entera habría sido destruida. 

Pero es importante para nosotros el darnos cuenta de la diferencia entre, de un lado, acomodarse a la realidad de un imperio hostil y de otro lado el aprobar activamente las estructuras de ese imperio. El hecho de que a los esclavos se les dice que obedezcan a sus amos y a los amos a tratar a sus siervos con amabilidad, no significa que Dios tenga el más mínimo interés en mantener la institución de la esclavitud como requerimiento para obedecerle a El. 

En siglos tardíos, en nuestro propio país, cuando estas escrituras eran usadas por dueños de esclavos en orden de imponer la esclavitud y demandar obediencia, ellos estaban fundamentalmente mal usando, y de hecho haciendo burla de las escrituras. Los dueños de esclavos en América no estaban sujetos a un imperio hostil en el cual ellos no tenían poder y cuyas leyes ellos tenían que obedecer. Al contrario, ellos estaban a cargo de una estructura de poder que les auto servia la cual compró, vendió, explotó y destruyó seres humanos y justificaban esa acción en parte torciendo las escrituras. 

La meta final del evangelio nunca ha sido la esclavitud sino libertad para todos – libertad para todos no le hace cuanto tiempo se toma para que ésta sea una realidad. En Cristo no hay esclavo ni libre! Pero solamente en tiempos relativamente modernos esta verdad ha llegado a ser casi una realidad. El hecho trágico es que varias iglesias usaron su Biblia para justificar la esclavitud hasta que las fuerzas dentro de la sociedad en general declararon ilegal la esclavitud forzando a los cristianos a mirar otra vez el significado del evangelio y a reconocer su propia distorsión de la verdad. 

Un ideal para la mujer en la iglesia 

La situación ha sido similar con respecto a los roles de la mujer. Cuando Pablo escoge incluir la dicotomía entre el hombre y la mujer en este pasaje, el no dice simplemente que las mujeres puedan ser salvas al igual que los hombres. Hasta donde sabemos, nadie en la iglesia del primer siglo dudó que la mujer pudiera ser salva. El dice “no hay hombre ni mujer.” Esta era una verdad que debía ser traída a la realización a pesar de las gruesas paredes de poder y control que dividían a los hombres de las mujeres en esa sociedad. 

Las raíces de esta tremenda afirmación de Pablo se remontan al comienzo de la proclamación de la salvación en Jesucristo. En Jerusalén en el día de Pentecostés, después de la resurrección de Cristo, Dios marcó el comienzo de una nueva era al enviar el sonido de un fuerte viento y lenguas como de fuego entre los seguidores de Jesús que se hallaban congregados. Estos seguidores de Jesús que estaban esperando y orando fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar. Los judíos que habían venido de los confines del imperio Romano y más allá podían milagrosamente entender el discurso en su idioma natal. El velo de lenguajes que dividía a la humanidad en grupos que competían uno con otro fue por ese momento roto en dos pedazos de forma que todos podían entender las buenas noticias del evangelio en la lengua que estaba más cercana a su corazón. 

Pero hubo unos que se burlaron y se mofaron de lo que estaba sucediendo. Ge entonces cuando Pedro intervino para defender las señales del Espíritu y para explicar el mensaje que estaba detrás de esa milagrosa reunión de gente a lo largo y ancho de las barreras de cultura. Lo que estaba pasando fue aún más de lo que los escépticos habían imaginado o temido, he dijo. El destapó esta verdad citando un texto del libro de Joel, cuidadosamente escogido ya que el texto describe exactamente lo que estaba pasando en ese momento. Pedro dijo, 

Y en los postreros días, dice Dios, 
Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne
Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizaran; 
Vuestros jóvenes verán visiones, 
Y vuestros ancianos soñarán sueños; 
Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días 
Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán. 
Y daré prodigios arriba en el cielo, 
Y señales abajo en la tierra, 
Sangre y fuego y vapor de humo; 
El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, 
Antes que venga el día del Señor, grande y manifiesto; 
Y todo aquel que invocare el nombre del Señor será salvo.” 

Hechos 2:16-21; Joel 2:28-32

Pedro afirmó que lo que estaba pasando era una intervención de Dios. Esto era el comienzo de un derramamiento del Espíritu de Dios sobre todos sus hijos. Más antes, los profetas reales quienes podían enseñar la voluntad de Dios a la gente habían sido bien escasos. Por largo tiempo no se sabía de un profeta, pero el Espíritu de Dios estaría disponible para todos sus hijos. El mensaje de Jesús era así de importante. El evangelio de lo que el Dios del universo había hecho en Jesucristo era tan maravilloso y tan estupendo; el alcance de éste evangelio era tan universal y sus efectos tan transformantes, que la intención de Dios para cada persona, hombre o mujer, joven o anciano, esclavo o libre es que cada uno fuera ordenado como profeta para proclamar y enseñar ésta buena noticia. 

Dios no hace distinciones. El llena de poder tanto a los hijos como a las hijas, jóvenes o viejos, aún esclavos, hombres o mujeres, todos recibieron un derramamiento del Espíritu de Dios. Dios nunca dijo que él daría su Espíritu sólo a los jóvenes y que dejaría que las mujeres, los esclavos y los ancianos los sostuvieran. Dios mismo había revelado sus propios valores, bien diferentes de los valores típicos de las estructuras de poder de la sociedad. El daría su Espíritu, su propia presencia a toda criatura. La libertad y el poder que sólo la presencia de Dios podría traer estarían disponibles para los hombres, como también para las mujeres, para jóvenes y para viejos, lo mismo que para esclavos y sus amos. 

Esta intervención divina fue tan revolucionaria que esto era como si un mundo se hubiera terminado y otro enteramente nuevo comenzara: “sangre y fuego y vapor de humo; el sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día del Señor grande y manifiesto” (Hechos 2:19-29). 

La promesa de destruir las barreras entre hombres y mujeres, entre esclavos y libres estaba allí desde el comienzo. Es así como el evangelio vino al mundo. La afirmación enfática de Pablo simplemente corroboraba la promesa de Pentecostés. Pero Pablo también sabía que ésa promesa tan enfática tenía que ser implementada en una sociedad pecaminosa, llena de prejuicios, donde lo más que necesitaban las personas era oír el mismo mensaje del evangelio. 

La inclusión de los hombres junto con las mujeres, los esclavos y los libres fue un aporte importante del evangelio. Pero esa inclusión fue siempre un asunto delicado en esa sociedad Romana antigua donde las mujeres (y los esclavos) no tenían ningún tipo de derechos o reconocimiento. Los prejuicios de ésa sociedad hacían que fuera fácil que las acciones de las mujeres que querían implementar su libertad en Cristo causaran escándalos, levantaron un fuerte sentido de vergüenza, estimularan prejuicios, y de otra manera se volvieran un tropiezo para evitar que la gente oyera el evangelio. La libertad en Cristo de las mujeres y sus dones espirituales eran importantes y necesarios y debían ser implementados tan bien como se pudiera. Pero era aún más importante para los perdidos el ser confrontado con el mensaje salvador de la cruz. Lo que nosotros observamos en las instrucciones de Pablo concerniente a la mujer es su guía para balancear ésas importantes metas del evangelio en una sociedad cuyos prejuicios podrían hacer que entraran en conflicto metas que de otra manera serian perfectamente complementarias. 

Cuando las acciones de hombres o mujeres causaron escándalos que estorbaban el mensaje de Jesús, la necesidad por la verdad y el poder del evangelio tenía que ser valorado por encima de la libertad. Pero el valor central de evangelio en dar libertad para todos no fue permanentemente cedido. El propósito de Dios permaneció, expresado en la primera escritura citada en el primer sermón, el primer día de la proclamación del evangelio, retando sociedades e iglesias a sobreponerse a sus prejuicios y a implementar completa igualdad en Cristo. 

La relación entre el esposo y la esposa en el matrimonio era afectada por modelos de la sociedad en general, al igual que los roles esperados de los hombres y las mujeres en las asambleas públicas. Cuando Pablo, por ejemplo, escribió acerca de los roles de hombres y mujeres en Efesios 5:21-33, él estaba escribiéndole a gente para la cual el marido era de hecho el gobernador de su mujer – esa era la realidad concreta de su tiempo. Las leyes comúnmente obedecidas en la sociedad Greco-Romana, con pocas excepciones, dieron prácticamente todos los poderes y autoridad en el matrimonio al marido. En términos prácticos, los cristianos de ésa época no tenían que lidiar con la pregunta, “¿tiene el hombre autoridad sobre la esposa?” ésa autoridad ya estaba bien establecida por las leyes Romanas y Judías y por otras leyes locales. Las preguntas para los cristianos tratan de las prácticas en ésa estructura dada. ¿Cómo iba el marido a concebir su autoridad legal y cómo la iría a implementar? Iría a ser dictatorial y de beneficio propio o sería amorosa y de auto sacrificio. ¿Como las mujeres irían a responder a sus esposos? Pablo retó a esposos y esposas a hacer que su relación fuera de mutua sumisión: “sométanse los unos a los otros por reverencia a Cristo” (Efesios 5:21). El urgió a los esposos a ejercer su autoridad con amor y auto sacrificio – “así como Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella” (Efesios 5:25). 

Las pequeñas comunidades cristianas no podrían cambiar o aún afectar las leyes del matrimonio o de la esclavitud en el imperio Romano. Lo que ellos podrían hacer – y lo hicieron – fue intentar el cambiar su motivación interna y su autodefinición de esposos y esposas, esclavos y amos de forma que las estructuras autoritarias fueran transformadas desde adentro hacia afuera. 

Viviendo el Ideal Dentro de los Limites de la Sociedad 

Pablo fue siempre intensamente consciente de las limitaciones a la vida cristiana establecida por los modelos de la sociedad alrededor de ellos. Estas limitaciones podrían tomar varias formas, pero ellas eran sufridas o aceptadas por causa del bienestar de las comunidades que él estaba luchando por crear por la gracia de Dios en un ambiente hostil. Ellos eran parte de lo que significa vivir por la cruz de Cristo en medio del mundo. La iglesia no es una comunidad utópica en la que todos los ideales eran practicados en un grupo sacado del mundo. Más bien, la responsabilidad de los creyentes de comunicar el mensaje de la cruz a un mundo indiferente u hostil significa que la iglesia tiene que ser vulnerable a las necesidades de la sociedad de forma que el mensaje no tenga tropiezo. Uno puede ver esta forma de pensar en la forma como Pablo trata de los problemas que él encontró en las iglesias. 

Nosotros los cristianos no podemos pretender que podemos escapar la historia humana y que podemos vivir en un plano ideal donde no necesitamos preocuparnos por el impacto práctico de nuestras acciones. El amor y el crecimiento de la comunidad tienen que determinar la implementación de los ideales del cristianismo en sobreponerse a los problemas de la sociedad y nuestros prejuicios. 

Al mismo tiempo, ésta forma cautelosa y amable de aproximarnos a la implementación de los ideales radicales del cristianismo, tiene en cuenta el hecho que la fuerza de la iglesia podría convertirse en una implementadora de mayor grado de desigualdad en la sociedad que la rodea. La iglesia no debe ser una isla de injusticia (prejuicio racial, o prejuicio de género) en una sociedad que se está moviendo en la dirección opuesta. 

En nuestros días todavía luchamos con las clases de divisiones en la sociedad humana representadas por Judío/Griego, esclavo/libre, hombre/mujer. Nuestras iglesias luchan para sobreponerse a las barreras raciales, de clase y de género. También luchamos para sobreponernos a barreras socio-económicas y los efectos de la pobreza junto con la experiencia de ser indefenso. Es todavía muy difícil reunir al rico y al pobre en una misma comunidad unida. A pesar de las dificultades, sin embargo, tenemos que reconocer y valorar el trabajo de Dios en todas las personas de todo tipo de raza y grupos étnicos y de todas las clases sociales y no podemos excluir a nadie de una completa participación en la comunidad cristiana. 

Pablo incluyó la división entre el hombre y la mujer entre las barreras que nosotros debemos superar en Cristo. La iglesia debería liderar nuestra sociedad – no arrastrar los pies– en afirmar la igualdad y la completa inclusión de la mujer debido al evangelio. En Cristo no hay varón ni mujer! La iglesia de Jesucristo hoy debería seguir el ejemplo de la iglesia del primer siglo en afirmar lo que es aceptable en la sociedad lo más que sea posible en la dirección de los ideales del evangelio. – libertad, igualdad, y el ejercicio completo de los dones de Dios en la vida de la iglesia. En el primer siglo, a pesar de las fuertes restricciones a la mujer en ésa sociedad, nuestros hermanos encontraron formas en que las mujeres oraron y profetizaron en la iglesia. En nuestros días cuando las restricciones sociales no son una barrera, la iglesia no debería ponerse en la posición pagana del imperio Romano y reconstruir y reforzar barreras que expresan desigualdad e inferioridad hacia el mundo de nuestro alrededor lo cual es contrario al evangelio de Cristo. 

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