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Publicado mayo 1, 2021 por Thomas Robinson

Una Comunidad sin Barreras, Parte 2/7

Seccion 1: Mujeres en el ministerio de Jesús

Jesús encontró e interactuó con una gran variedad de mujeres durante su ministerio. Estas interacciones nos proveen un modelo de cómo el evangelio del reino de Dios se manifiesta en la vida dentro de una forma y cultura particular y establece valores que están en contraste con los prejuicios de la cultura. En el transcurso de estos ejemplos nosotros también trataremos con la pregunta de porque Jesús escogió 12 hombres como sus apóstoles y que tiene que ver este hecho con el papel de las mujeres.

1. Maria la Madre de Jesús

Mateo 1-2; 12:46-50; 13:55-56; Marcos 3:21, 31-35; 6:3; Lucas 1-2; Juan 2:1-12; 19:25-27; Hechos
1:14.

La mayoría de las veces que tratamos el asunto de Maria en los evangelios tiene que ver con las narrativas del nacimiento en Mateo 1-2 y Lucas 1-2. Especialmente Lucas se enfoca en Maria y le da al lector una fuerte impresión del carácter y la fortaleza de Maria.

La figura de Maria influenció grandemente la situación de la mujer en la Iglesia en los siglos posteriores. Su role en los evangelios fue interpretado a la luz del creciente interés en la vida ascética, el ideal de la virginidad, y el celibato. Ella combinó dos roles importantes- madre y virgen. Ella vino a ser vista como virgen perpetua y por eso el ideal del celibato. Ella también portó los ideales de una madre tierna, una madre con acceso especial a su hijo, de hecho “la madre de Dios,” sin ninguna connotación de sexualidad real. ”Virgen” vino a ser parte de su nombre “virgen Maria”

Así que esta figura imaginaria de Maria vino a ser modelo de feminidad que ninguna mujer podía alcanzar. Una mujer podía escoger la vida religiosa de virginidad y asceticismo o podría escoger la vida laica de una mujer casada y tener hijos aunque esto era un estado inferior.

En contraste, Mateo y Lucas no dan ninguna indicación en absoluto de un ideal ascético en Maria o de una perpetua virginidad. La virginidad de Maria no es contada como un estado especial de pureza pero simplemente como una condición física para mostrar que el nacimiento de Jesús fue milagroso (y podría ser conectado a las escrituras). Hay una concepción virginal pero no un nacimiento virginal. Mateo indica que José y Maria eran casados para el tiempo en que el Señor nació (Mateo 1:24-25) a pesar de que Lucas nos dice que ellos solo eran comprometidos (Lucas 2:2). Pasajes que se refieren a Jesús como “el primogénito de Maria” (Lucas 2:7) o la lista de hermanos “Santiago, José, Simón y Judas” y la mención que hace de “todas sus hermanas” (Mateo 13:55-56) indica que después del nacimiento de Jesús Maria vivió simplemente como la esposa de José y tubo al menos 7 hijos más.

El canto de Maria (Lucas 1:46-55) muestra el significado del papel de Maria. Por el hecho de levantar a esta mujer de su condición humilde, Dios estaba haciendo la primera transformación del mundo lo cual es la meta del reino de Dios. La primera gran manifestación de los valores y de los propósitos de Dios siendo impuestos en los antivalores del mundo es la elevación de una mujer de tal forma que todas las generaciones la llamen bienaventurada.

Cada vez que Maria es mencionada como la madre de Jesús durante su ministerio, los evangelios parecen indicar cierta separación entre Jesús y su madre. En el incidente mas sobresaliente, las bodas de Caná, narrado por el evangelio de Juan, es la madre de Jesús (no mencionada por nombre) quien simplemente le informa a El “no tenemos vino” (Juan 2:3). La respuesta de Jesús es sorprendente por su carácter directo y misterioso: “Mujer, ¿eso que tiene que ver conmigo? todavía no ha llegado mi hora.” (Juan 2:4). La Biblia hace éste recuento no para mostrar que Jesús no era decente con su madre, pero para mostrar que su ministerio tenía su tiempo específico que no podía ser apurado ni aún por su madre. Ella no se sintió despreciada por las palabras de Jesús y les dijo a los siervos, a los cuales parece conocía bien, “hagan lo que El les diga” (Juan 2:5) quizá esto es una pista que nos deja ver que ella ya percibía el poder de Cristo.

Mas tarde, a medida que la controversia tornó alrededor de Cristo, Marcos escribe que “su familia…fue a hacerse cargo de El, porque decían: “esta fuera de si” (Marcos 3:21). Unos cuantos versículos más tarde Marcos menciona que “la madre y los hermanos de Jesús, se quedaron afuera y mandaron a alguien a llamarlo” (Marcos 3:31). Ellos probablemente estaban asustados de la seguridad de Jesús en medio de acusaciones de posesión demoníaca, pero Jesús se negó a salir afuera a donde ellos. Juan muestra que el honor de Jesús por su madre fue desplegado durante su crucifixión. Mientras estaba muriendo, Jesús cuidadosamente encomendó su madre, quien estaba junto a la cruz, al cuidado del “discípulo que El amaba” (Juan 19:26). Después de esto, evidentemente, Maria consideró a este discípulo como su hijo y se estuvo un tiempo con el. La Biblia no nos cuenta de la vida de Maria en sus últimos años o acerca de su muerte.

2. La mujer samaritana en el pozo.

Juan 4:4-43

Esta narrativa es seguida de la narración del encuentro de Jesús con Nicodemo en Juan 3:1ss. Aquí, Jesús habla con la mujer Samaritana con el grado exacto de seriedad, y deseo de guiarla a un entendimiento más profundo, y de percepción de donde estaba en su desarrollo personal igual al grado de seriedad con el que hablo con Nicodemo. El contraste entre el altamente educado Fariseo, un miembro del concilio Judío, “un gobernante de los Judíos” y ésta mujer Samaritana, casada cinco veces y viviendo con alguien que no era su marido no podría ser más patético.

Las palabras de Jesús no dan ni el menor indicio de menosprecio, o la idea que esta mujer no es merecedora del tiempo de Jesús. Conociendo su condición marital, el Señor habla de esto no para condenar la mujer pero para resaltar su independencia y honestidad:

Bien has dicho que no tienes esposo…en esto has dicho la verdad

Juan 4:17-18

Los comentaristas siempre hacen referencia al hecho de que la mujer se siente un poco incomoda con las palabras de Jesús (como Nicodemo) y cambia el tema a un tópico religioso. Note, sin embargo, que el Señor no trata de avergonzarla sino que sigue la pista de ella y torna la conversación para hablar del culto a Dios. De hecho el Señor escoge esta conversación con ésta mujer como el momento apropiado para dar importantes revelaciones y enseñanzas.

(1) El le cuenta a ella “de el agua viviente/ de el agua que brota.” de la misma manera que el le había dicho a Nicodemo de la necesidad de “nacer de nuevo/de arriba.” Al igual que Nicodemo, la mujer es conducida por Jesús desde una interpretación literal a una interpretación espiritual de sus palabras. En los profetas del Antiguo Testamento agua viva/agua que brota es una metáfora para describir la actividad vivificante de Dios en el mundo: Jeremias 2:13; Zacarías 14:8; Ezequiel 47:8-9.

En el evangelio de Juan, Jesús huso la imagen de agua viva a fin de unir las ideas de “agua” y “Espíritu.” Mas antes Jesús también había unido las ideas de agua y espíritu en su conversación con Nicodemo, cuando el habló de nacer de nuevo de agua y de Espíritu. Unos capítulos mas tarde, el evangelio describe a Jesús en el templo de Jerusalén:

Jesús se puso de pie y exclamó! 'Si alguno tiene sed, que venga a mí y beba! ‘De aquel que cree en mi, como dice la escritura, brotarán ríos de agua viva.’” En esto se refería al Espíritu que habrían de recibir más tarde los que creyeran en el. Hasta ese momento el Espíritu no había sido dado porque Jesús no había sido glorificado todavía.

Juan 7:37-39

Así que a ésta mujer Samaritana Jesús escoge rebelarle la realidad del Espíritu, la cual aún los discípulos más cercanos a Cristo no entendieron hasta años más tarde. Ese espíritu que satisface eternamente nuestra sed de Dios y le permite a uno adorar verdaderamente a Dios representa el centro de la revelación de Jesús acerca de una nueva relación con Dios.

(2) Cristo revela nuevas formas de relacionarse con Dios, las cuales no están centradas en un lugar específico. Al contrario, en cualquier lugar la gente puede “adorar al padre en espíritu y en verdad” (Juan 4:23). Es la revelación de que “Dios es espíritu” - íntimamente conectada con lo del “agua viviente”- lo que destruye las barreras de raza, tribu, y género que separa a las personas.

Debido a normas convencionales, ésta mujer Samaritana está separada de Jesús por tres paredes impenetrables: ella es mujer; ella es Samaritana; ella no adora a Dios correctamente. Esta conversación no debería haber tenido lugar. Pero Jesús sabe que el carácter de Dios como Espíritu - como esa agua viviente que puede fluir dentro de cualquier persona de forma que Dios se convierta en una presencia intima en la vida de esa persona - puede derribar todas esas paredes impenetrables.

El Señor conoce claramente la historia de éstas barreras entre la gente y conscientemente escoge derribar esas barreras. El rehúsa limitarse por las hostilidades conocidas y por las diferencias teológicas y culturales entre Judíos y Samaritanos. El también rehúsa limitarse por la norma que decía que el no debería hablar, y mucho menos enseñarle a una mujer (Juan 4:9-27). Jesús rompe todas estas barreras porque el conoce el carácter de Dios el cual El está revelando al mundo. Dios busca adoradores definidos por la presencia del Espíritu y por la verdad (la realidad/lo genuino) de su adoración. Samaritanos, Judíos, hombres, mujeres-todos se acercan a Dios de igual manera.

(3) El Señor afirma su carácter Mesiánico (Juan 4:25-26). En Juan, es la mujer Samaritana la escogida del Señor para afirmar su identidad como Mesías. El ha encontrado en ella una apertura y un nivel de entendimiento que sugiere que tal revelación a ella será de carácter fructífero.

Ella en turno conduce a otros de su propio pueblo a escuchar a Cristo y ellos más tarde creen en El como el Cristo. Así que, maravillosamente, el evangelio de Juan sugiere que la primera comunidad de creyentes se levantó entre los Samaritanos, conducidos a una fe personal, aunque de una manera reluctante admitan esto, por la mujer samaritana (Juan 4:39-42).

3. La madre de los hijos de Zebedeo

Mateo 20:20-23; 27:56 (Posiblemente la misma Salomé mencionada en Marcos 15:40).

La madre de Jacobo y Juan, los hijos de Zebedeo, es una figura enigmática. Ella no es mencionada cuando Jesús llamó a Jacobo y Juan a la orilla del mar de Galilea (Mateo 4:21-22; Marcos 1:19-20). Allí simplemente se nos dice que Jacobo y Juan dejaron a su padre Zebedeo para seguir a Jesús. Jacobo y Juan, por su puesto, se convierten en una parte del círculo íntimo de Jesús entre los 12.

Es solamente más tarde, casi al final de ministerio de Cristo, cuando todos sus discípulos (quizás tantos como unos cien) estando a punto de venir a Jerusalén, que aprendemos que la madre de Jacobo y Juan está en marcha junto con los seguidores de Jesús (Mateo 20:20-22).

Ella junto con Jacobo y Juan comparten la misma fe en el Mesías quien está a punto de establecer el Reino de Dios. Ni ella ni los apóstoles realmente entienden lo que eso significa, pero ellos están seguros que quieren participar completamente en éste reino. Así que ella habla por ellos (Marcos 10:35) al pedir “Que estos dos hijos míos se sienten uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, en tu reino.” (Mateo 20:21).

Es importante notar que el evangelio no está sugiriendo que ella tiene un malentendido particular de Jesús. Al contrario, en muchas maneras, ella representa el nivel de entendimiento de los discípulos de Cristo durante su ministerio. Ellos estaban tratando de entender a Cristo a la luz de su entendimiento previo de lo que debería ser el Mesías. Ellos no tenían ni la menor idea de lo que sería un Mesías crucificado.

Es solamente al final que ella, al igual que a otros, les es dada una idea de lo que significaba seguir a Jesús. Mateo la describe como una de las mujeres que estuvo junto a la cruz contemplando la realidad de un Mesías crucificado (Mateo 27:56). Era ala derecha e izquierda de este Rey crucificado que Jacobo y Juan servirían. En un periodo de cerca de 12 años, Jacobo había sido ejecutado debido a su fe en Jesús.

4. La suegra de Pedro

Mateo 8:14-15 Marcos 1:19-31 Lucas 4:38-39.

Nosotros sabemos muy poco acerca de ella, pero su presencia nos deja ver un poco de la vida cotidiana en la que sirvió Jesús. En la pequeña casa pesquera de Pedro vivía Pedro, su esposa, su hermano Andrés (quizá su esposa) y la suegra de Pedro.

Ella está sufriendo una fiebre devastadora. Jesús “la tomó de la mano y la levantó” y ella inmediatamente retornó a su vida normal (Marcos 1:31).

5. Una viuda en el pueblo de Nain

Lucas 7:11-17

Jesús ve una procesión fúnebre y reconoce la situación desesperada de esta mujer quien es una viuda que ha perdido su hijo único. En esa sociedad, ella no tenía ninguna forma de sostenimiento económico en el que pudiera confiar. Jesús “tubo compasión de ella.” El paró la procesión y resucitó al muchacho “y lo dio a su madre” (Lucas 7:15). Al ayudar a ésta mujer, Jesús revela a la gente que “un gran profeta se ha levantado entre nosotros” y “Dios ha visitado a su pueblo!” (Lucas 7:16).

6. Una mujer de la ciudad que unge a Jesús

Lucas 7:36-50.

Jesús está cenando en la casa de un Fariseo llamado Simón. La mujer es identificada como “una mujer de la ciudad, que era pecadora.” Su nombre nunca se nos es dado, y ella no dice ni una sola palabra pero sus acciones son un testimonio elocuente de su fe y amor. Ella aparece con un alabastro lleno de ungüento. Parada detrás de Jesús, quien está reclinado con los pies hacia afuera de la mesa, “llorando se arrojó a los pies de Jesús, de manera que se los bañaba en lágrimas. Luego se los secó con sus cabellos; también se los besaba y se los ungía con el perfume” (Lucas 7:38).Simón ve esto como una prueba de si Jesús es en verdad un profeta. ¿Podrá El discernir que clase de mujer es ésta? Se pregunta Simón. Para Simón Jesús claramente no ha pasado la prueba (Lucas 7:39).

Jesús, sin embargo, conoce demasiado bien quien es ésta mujer. Diferente a Simón, sin embargo, Jesús mira en ella no su historia como pecadora pero el hecho de que a través de ella ha venido a experimentar el perdón (y una nueva esperanza) y que éste perdón la ha llenado de gratitud y amor. Jesús parece ser la única persona en el cuarto que no esta apenado ni indignado por lo que ésta mujer estaba diciendo con sus acciones. El entendió lo profundo de sus emociones y los limitados recursos de expresión que tenía disponibles una mujer tan marcada para la cual no había ninguna ocasión propia para hablar con un rabino. Pero su experiencia con Jesús o el conocimiento de sus acciones hacia otros, le dio a ella confianza para arriesgarse a ser sometida a vergüenza y repudio público y derramar sus emociones a sus pies. Jesús entendió la elocuencia de sus acciones y le dio a ella voz en sus palabras. El le mostró enfáticamente que el honraba lo que ésta mujer marcada estaba diciendo mucho más de lo que el compartía las ideas de su famoso anfitrión.

Este incidente remarcable muestra como Jesús miró a las personas en formas dramáticamente diferentes a lo que otros veían. Simón miró a la mujer y vio su bajo estado como una mujer marcada por la impureza que le impedía el acercarse a Jesús. Jesús miró y vio a un ser humano real, lleno de amor, gratitud, y fe que hacía de ésta mujer alguien mucho más cercano al Reino de Dios que Simón.

Jesús le hace entender a su anfitrión éste punto mediante la parábola de los dos deudores. Sin decir una palabra, ésta mujer actúo de tal manera que mostró la compleja relación entre amor, perdón, gratitud y fe. El perdón y la fe están íntimamente ligados (Lucas 7:47).

7. Mujeres discípulos: Maria Magdalena.

Lucas 8:1-3 (con Jesús en Galilea).
Mateo 27:55-61; Marcos 15:40-47; Juan 19:25 (en la crucifixión de Cristo).
Mateo 28:1-10; Marcos 16:1-8; Lucas 24:1-11; Juan 20:1-18 (en la resurrección de Cristo).

Maria Magdalena fue una mujer transformada. Todo lo que sabemos de su pasado es que ella era de Magdala en la parte nor-occidental de la costa de el mar de Galilea (Maria Magdalena es nombrada al igual que Jesús de Nazareth). Jesús la había sanado a ella de una esclavitud grande en su mente: “de la cual habían salido siete demonios” (Lucas 8:2). Ninguno de los evangelios describe la condición de Maria previa a su sanidad o el incidente en el cual Jesús le sanó. Pero claramente Lucas implica que la sanidad le había devuelto la vida a Maria (compare esto con la historia del hombre Gadareno el cual tenía varios demonios, Marcos 5:1-20). Debido a ese encuentro con Jesús, ella había escogido el dar su vida a Cristo, gesto demostrado en su seguimiento de el.

Es necesario hacer resaltar de paso que varias tradiciones bien conocidas acerca de Maria Magdalena, las cuales son representadas frecuentemente en el arte Cristiano y en legenda, no tiene ninguna base en los evangelios. No hay ninguna base para pensar que ella era “la mujer de la ciudad, la cual era pecadora” y la que ungió a Jesús (Lucas 7:37).Tampoco hay ninguna base para identificarla con Maria, la hermana de Marta y de Lázaro, quien también ungió a Jesús. Estas son tradiciones encontradas por primera vez en la literatura cristiana del siglo sexto. Así que no hay base para pensar que Maria Magdalena era una gran pecadora (una prostituta) y una penitente ejemplar, como es usualmente representada en arte. La leyenda también hizo de ella una compañera de Juan el apóstol en Efeso y dice que ella fue enterrada allá.

El hecho de que en las listas de todas las seguidoras de Jesús Maria Magdalena es mencionada primero indica que probablemente ella era la líder de un grupo de seguidores de Cristo. Desde que los eventos de Lucas 7-8 ocurrieron durante el primer año del ministerio de Cristo, Maria fue evidentemente sanada muy temprano en el ministerio de nuestro Señor y se juntó al grupo de seguidores al mismo tiempo que muchos de los 12. Distinto a los 12 a ella no se le requería que andará con Jesús en sus viajes ministeriales, pero ella escogió seguirlo a donde ellos iban. Ella aparentemente fue una de las que suplieron de sus propios recursos para las necesidades de la banda de caminantes (Lucas 8:3).

Mateo y Marcos también indican que María y otras mujeres estaban sirviendo (diakonein) a Cristo (Marcos 15:41). El uso de este verbo indica que ellas estaban siguiendo el ejemplo de Jesús el cual enseñó que el no había venido a ser servido (diakonein) sino a servir (diakonein) y a dar su vida en rescate por muchos (Marcos 10:45).

Maria Magdalena es la única persona de la cual todos los evangelios dicen que estaba junto a la cruz y la única persona de la cual los 4 evangelios señalan que fue la primera que vio al Señor resucitado. Ella por lo tanto funciona como uno de los testigos principales de éste evento salvifico, central, y clave del evangelio. Todos los evangelios están de acuerdo en que otros estaban presentes y da diferentes listas, pero Maria Magdalena es el elemento común en todos los recuentos

Mateo y Juan (junto con la terminación larga del evangelio de Marcos [16:9-20]) muestran que la primera aparición de Jesús resucitado fue a Maria Magdalena. En Mateo (28:9-10) ella y la “otra Maria” son saludadas por Cristo cuando ellas abandonan la tumba. “Ellas se agarraron de sus pies” asegurándose ellas mismas de que no estaban teniendo una alucinación, y ellas “le adoraron” constituyéndose en las primeras que adoraron al Señor resucitado.

La relación intima de Maria Magdalena con Cristo es vivida especialmente en el recuento que Juan hace de la resurrección (20:1-18). Maria Magdalena viene a la tumba y encuentra la piedra removida. Ella se apresura a decirle a Pedro y al discípulo amado, quienes vienen y examinan la tumba vacía y se marchan mistificados y esperanzados pero aún sin saber que pensar de lo que han visto. Como ellos, Maria todavía no cae en cuenta de que el Señor ha resucitado y permanece angustiada junto al sepulcro. Ella ve dos ángeles (pero evidentemente no los reconoce como ángeles) quienes le preguntan porque está llorando. Maria les responde, “porque ellos se han llevado a mi Señor y no sabemos donde le han puesto” (Juan 20:13).

Ella volteó y vio otro hombre que estaba ahí parado y ella pensó que era el jardinero-igual que más tarde los dos discípulos en el camino a Emaús no reconocieron a Jesús. Jesús pregunto porque lloras y “¿a quien buscas?” Maria respondió mostrando preocupación por el cuerpo de Jesús ella quería que estuviera propiamente cuidado: “Señor, si usted se lo ha llevado, dígame donde lo has puesto, y yo me lo llevare” (Juan 20:15).

Jesús se da cuenta de lo preocupada que esta Maria y cambia la situación simplemente llamándola por su nombre: “Jesús le dijo, Maria. ‘Ella se volteo y le dijo a El en hebreo, ‘Raboni!’ (Que quiere decir Maestro).” En las palabras “mi Señor” y “Raboni” está capturada la relación de un verdadero discípulo, que se ha sometido a si mismo a un amo y maestro como el guía de su vida. El Señor le cuenta a ella de su futura ascensión y la envía a testificarles a los otros discípulos.

Maria viene a los otros discípulos y es la primera que los saca de la confusión, la duda, y les da esperanza con el simple mensaje: “yo he visto al Señor” ((Juan 20:18).

Jesús estaba en control completo de todas sus apariciones y escogió aparecerse a todos aquellos que el quiso ver. Es verdaderamente significativo que el escogió como su primer testigo a Maria Magdalena (y las otras mujeres). Aunque en la mayoría de cortes Judías de la época, las mujeres “no podían actuar como testigos legales” porque ellas eran pensadas como inherentemente no dignas de confianza y sin embargo el Señor escogió a Maria Magdalena para que fuera la primera en decir: “yo he visto al Señor.” En esa sociedad con éstos prejuicios hacia la credibilidad del testimonio de la mujer, solamente discípulos varones podrían ser puestos como testigos de la resurrección hacia el mundo externo. Pero el Señor se asegura que es Maria Magdalena y las otras mujeres quienes son los primeros testigos a los testigos. Lucas revela que cuando Maria Magdalena y las otras mujeres testificaron de lo que ellas habían visto en la tumba, los discípulos varones actuando al unísono con los prejuicios comunes de su tiempo, “no les creyeron a ellas.” porque “a los discípulos el relato les pareció una tontería así que no les creyeron.” (Lucas 24:11). Jesús mismo sin embargo, confirmó el testimonio de María y de las otras (Lucas 24:24-25 etc.).

8. Mujeres discípulos: juana la mujer de Chuza, el administrador de Herodes

Lucas 8:3 (en Galilea)
Lucas 24:10 (en la resurrección)

Un buen resumen de lo que nosotros podemos aprender de Juana nos lo provee el Anchor Bible Dictionary: “Una de las seguidoras de Jesús desde el comienzo de su ministerio…Juana fue una mujer que proveyó de ayuda monetaria y ayuda material de su propio bolsillo en un esfuerzo por ayudar al grupo de discípulos del Señor. Más tarde, Juana fue testigo de la tumba vacía y reportó lo que ella vio a los apóstoles (Lucas 24:10). Así que probablemente su nombre fue preservado porque ella era conocida…como testigo de la vida, muerte, y de la tumba vacía del Señor Jesús…

“Juana también es notable porque ella era la mujer de Chuza, uno de los administradores de los bienes de Herodes Antipas. Así que, ella es un ejemplo de como el evangelio afectó la vida de personas conectadas con las autoridades establecidas, gente que tenia holganza económica en comparación con la población Galilea. Estamos conducidos a creer que ésta mujer prominente dejó su familia y su hogar a fin de viajar con Jesús y proveer asistencia a su banda de discípulos. Nosotros también vemos aquí cómo el evangelio rompe barreras de clase y nulifica tabúes sociales, puesto que en la sociedad Judía del tiempo de Jesús las mujeres no eran permitidas ser discípulos de maestros prominentes, mucho menos ser parte de su caravana viajera. En el Judaísmo de primer siglo, ésta conducta debió haber sido considerada escandalosa para cualquier mujer, pero especialmente para una mujer casada. Así que, hasta cierto punto Jesús presenta tanto una amenaza a la religión establecida como también a la estructura social de la sociedad Judía de su tiempo, porque el le dio a los dos hombres y mujeres la oportunidad de ser completamente discípulos.”

Anchor Bible Dictionary, vol. 3, p.855: “Joanna.”

9. Mujeres discípulos: Susana y muchas otras.

Lucas 8:1-3.

Cuando nosotros observamos el hecho de que había un grupo substancial de mujeres – como Susana por ejemplo la cual de otra manera seria desconocida – de varios estratos sociales y aun culturales las cuales hicieron sacrificios substanciales para seguir a Jesús y viajar con su grupo de discípulos, uno se podría preguntar por el papel de estas mujeres en el amplio sentido del cuerpo de discípulos de Jesús.

Pregunta: ¿Porque es que “los doce” eran todos hombres judíos?

Se ha argumentado con frecuencia que el hecho que el Señor haya nombrado hombres como sus apóstoles significa que el Señor creía que las mujeres no eran dignas o eran incapaces de un cargo público dentro de la iglesia. Es de notar, sin embargo, que el Señor nunca sugirió que tal significado debería desprenderse del hecho de optar por apóstoles del sexo masculino. Es de tomar en cuenta que el ser hombre no era lo único que los apóstoles tenían en común. Ellos todos eran judíos también, quizás de Galilea, y ciertamente todos de Palestina. Aunque un gran número de Gentiles vivía en Palestina y el Señor atribuye a algunos Gentiles una fe más grande que lo que el halló en Israel (incluyendo los 12), el nunca escogió un gentil o un samaritano para que fuera parte de los “doce.” El hecho de que el Señor escogió 12 hombres judíos, que vivían en Palestina, para una tarea especial, sin embargo, no excluía ni mujeres ni Gentiles de servirlo a el en público. Más bien parece que otras razones han debido guiar al Señor en su opción por buscar apóstoles.

Los doce corresponden a las 12 tribus de Israel.

El número 12 en sí mismo es importante. En Mateo 19:22 Jesús dice: “cuando el hijo del hombre se siente en su trono glorioso, ustedes que me han seguido se sentarán también en doce tronos para gobernar las doce tribus de Israel.” (También Lucas 22:28-30) Los Doce son de ésta manera una parte crucial del significado del ministerio de Cristo. El suyo es un movimiento de renovación dentro de Israel durante su ministerio. En los doce hombres a los que el llamó Doce Apóstoles, Jesús simbólicamente reconstituyó los doce patriarcas/tribus de Israel.

El número 12 era tan importante que debía ser mantenido. Cuando Judas traicionó a Jesús, los 11 restantes simplemente no continuaron sin el que les faltaba. Ellos esperaron hasta que el Señor les dio a Matías en reemplazo de Judas (Hechos 1:15-26).

Démonos cuenta que en las fuentes mas tempranas (Pablo y Marcos) ellos son llamados simplemente “los Doce” (no los doce apóstoles o los doce discípulos). En 1 Corintios 15:5-7 Pablo dice, “…El apareció a Cefas, luego a los doce. Después apareció a más de 500…luego apareció a Jacobo, luego a todos los apóstoles…” (Marcos 4:10; 6:7; 9:35; 10:32; 11:11; 14:10, 17, 20, 43; también Mateo 26:14, 47; Lucas 8:1; 9:1, 12; 18:31, 22:3, 47; Juan 6:67, 70-71; 20:24; Hechos 6:2.)

Diferentes escritores del Nuevo Testamento usan el término apóstol en maneras diferentes. Mateo y Marcos usan el término apóstol solo una vez (Mateo 10:2; Marcos 6:30). Mateo algunas veces habla de “sus doce discípulos” (Mateo 10:1; 11:1; 20:17; 26:20). Lucas (en Lucas y Hechos) usa “apóstol” más comúnmente y con frecuencia parece ser equivalente de los doce (Hechos 1:26; 2:37). Pablo quien escribió entre 20-30 años antes que Lucas, también usa el término “apóstol” muchas veces, pero nunca usa éste término como equivalente de los doce. Mas bien el usa éste término para referirse a sí mismo y a otros que no eran parte de los doce.

Así que aunque los doce son discípulos y apóstoles, hubo también otros que portaban los mismos títulos. Lo más importante acerca de los doce es el número y su significado simbólico tan importante. Este número es sinónimo de los llamados por Cristo a una nueva existencia a proclamar el reino de Dios. Como líderes de este nuevo grupo, Jesús dice, ellos juzgaran el viejo reino de las doce tribus de Israel.

Los doce eran testigos oficiales

La intención de Jesús era que los doce sirvieran como testigos de la resurrección hacia el mundo de los de a fuera (Hechos 1:8, 15-26; 2:14, 32; 3:15; 5: 32). De acuerdo a la forma de pensar de ese tiempo, las mujeres no podían ser testigos en una corte siendo que ellas eran inherentemente faltas de confianza. Josefo, el historiador y apologista Judío del primer siglo, por ejemplo, da la interpretación comúnmente aceptada de Deuteronomio 19:15, que establece la necesidad de dos testigos en orden de establecer una acusación en cualquier corte:

“No pongan su confianza en un solo testigo, pero que hayan tres o al menos dos, cuya evidencia sea acreditada por su vida pasada. De una mujer no acepten ninguna evidencia, debido a la trivialidad y falta de juicio de su sexo; tampoco dejen a un esclavo testificar debido a la simpleza de su alma, desde que debido al miedo o a la ambición es muy probable que ellos no darán testimonio de la verdad.”

Josephus, Antiquities of the Jews, 4.219.

En contexto, Josefo está tratando de mostrar que tan humana e iluminada es la Ley.

El Mishnah, la forma escrita de las leyes Judías que estaba en su mayoría en vigencia en el tiempo de Jesús, establece que la ley acerca de “un juramento de testimonio” (Levítico 5:1 etc.) “Se aplica a hombres pero no a mujeres” (Mishnah Shebuoth 4:1) y regula que el testimonio de una mujer normalmente no sería aceptado sin una prueba que lo corrobore. Solamente en limitadas circunstancias una mujer vivía sin ser custodiada por un hombre quien tenía responsabilidad por ella y hablaba por ella. Los juramentos de una mujer no eran válidos a menos que el hombre responsable por ella los confirmara.

La misma falta de confianza fundamental en el juicio de la mujer continúa hasta los tiempos modernos. Solamente hasta 1920 fue posible para la mujer tener el derecho a votar en los Estados Unidos.

Sin embargo, note que el Señor Jesús escogió mujeres para que primero testificaran de su resurrección. Aún sus propios discípulos eran tan desconfiados que ellos no creyeron al testimonio de las mujeres que lo habían visto resucitado (Lucas 24:10-11). Pero Jesús probó el testimonio de las mujeres como verdadero.

Los doce requerían de viajar con Jesús.

Jesús y sus discípulos evidentemente se quedaban juntos en el campo. El insistió que aquel que deseaba seguirlo tiene que saber que “las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el hijo del hombre no tiene donde recostar la cabeza” (Lucas 9:58, SD. BH. 57-62). Jesús escogió los doce “para estar con el y para ser enviados a predicar y tener autoridad para echar fuera demonios” (Marcos 3: 14-15). Era una cosa muy remarcable de aún permitir mujeres discípulos viajar con una banda de hombres dirigidos por un rabino. Esto solamente se habría visto tan escandaloso. Pero para Jesús el hecho de haber incluido mujeres entre los doce y requerir que un grupo de mujeres se unieran a un grupo itinerante de hombres y vivieran con ellos y se movieran de un lugar a otro habría levantado un escándalo al punto de dañar a las mismas mujeres. En ese tiempo, llamar a un grupo de mujeres casadas y solteras a “estar con el” en sus viajes habría transformado la maravillosa aceptación de mujeres que tubo Jesús en algo que permanentemente los habría catalogado como un grupo inmoral a los ojos de sus familias y de la sociedad.

Observaciones

Todas estas razones, tanto positivas como negativas, eran muy importantes en la sociedad antigua y no pueden ser ignoradas. El simbolismo de las doce tribus era mucho más importante dentro del remante Judío del antiguo Israel de lo que podría aparecer para nosotros hoy. El foco en la renovación del pueblo de Israel fue terminado exclusivamente con la comisión que Jesús dio a sus discípulos después de su resurrección (Mateo 28:19). Similarmente, el papel de ser testigo, por ejemplo, es nulo si el testimonio del testigo es descontado por el prejuicio del oyente contra el que está dando el testimonio. Este conocimiento, sin embargo, en ninguna manera argumenta que en tiempos más modernos, cuando el testimonio de las mujeres es tomado en serio o cuando tenemos un mejor entendimiento de la competencia de la mujer debamos seguir limitando su testimonio y su ministerio para alinearnos con prejuicios antiguos. Jesús mismo nunca ligo su opción por doce hombres judíos sobre ninguna limitación del ministerio de otros – judíos o gentiles, hombre o mujer, esclavo o libre – y tampoco debería hacerlo la iglesia de hoy.

10. La mujer con el flujo de sangre.

Mateo 9:18-26 Marcos 5:21-43 Lucas 8:40-56

Esta mujer es resaltada en los evangelios en parte debido a que por su fe en Jesús rompió con un tabú. Ella estaba ritualmente impura debido a su flujo menstrual – una debilidad distintivamente femenina – además todos aquellos a quienes ella tocara también quedaban ritualmente impuros (Levíticos 15:25-30). Sin permiso ella se metió entre la multitud y tocó el manto de Jesús. No hay ninguna garantía que le indicara a ella que algún bien podría salir de ese contacto, a excepción de que ella le impartiría su impureza ritual al Maestro.

Sin embargo, cuando Jesús inesperadamente siente que alguien lo ha tocado y se voltea para hablar con ella, la mujer se aproxima con una combinación de “temor y temblor” y lo que podría ser gozo puesto que ella pudo sentir que había sido sana. Ella probablemente esperaba una reprimenda por haber causado impureza ritual, pero en vez de ello recibió bendición. Así como el poder de Jesús había sanado su cuerpo, sus palabras de aliento por su fe y coraje y su instrucción “vaya en paz” dio sanidad a sus temores.

El aura de expectación y esperanza y bendición para gente que era desarraigada y sin esperanza era tan grande alrededor de Jesús, que ésta mujer quebró un poderoso tabú y fue y tocó a Jesús. Su fe fue justificada. Para Jesús esta mujer “impura” y desesperada era tan importante como Jairo, el gobernador de la sinagoga, cuya casa el estaba en apuros por visitar.

11. Herodias y su hija

Mateo 14:3-12; Marcos 6:17-29

Las mujeres como un grupo no son particularmente idealizadas en los evangelios, y las narrativas no se detienen al identificar maldad y pecado en la conducta de las mujeres. Jesús no tiene interacción con Herodias y su hija, pero el daño que ellas hacen al pedir la ejecución de Juan el Bautista afecta su ministerio.

12. La mujer Sirofenicia y su hija

Mateo 15:22-28; Marcos 7:25-30

Esta mujer también, al igual que la mujer que toco el manto de Jesús, es resaltada debido a su conducta “impropia”. Ella es pagana /Sirofenicia/ mujer Cananita llorándole a un maestro Judío, “Oh Señor, hijo de David”! (Mateo 15:22). Ella también estaba entrometiéndose en Jesús y sus discípulos en un periodo cuando ellos habían dejado Galilea y estaban viajando por la región de Tiro y Sidón a fin de esconderse de las multitudes (Marcos 7:24).

Los evangelios enfatizan lo extraño y disruptivo de su conducta al mencionar la respuesta negativa inicial de Jesús hacia ella. Su respuesta negativa no es contra ella como mujer, aunque sus acciones eran ciertamente inapropiadas para una mujer discreta, tanto en la sociedad griega como en la judía. Jesús al principio la rechaza debido a que ella no era Judía, debido a que su ministerio era entre su propia gente y el había venido a Fenicia solamente a tener tiempo con sus discípulos, lejos de la muchedumbre.

Los comentaristas modernos frecuentemente encuentran la reacción negativa de Jesús contra esta mujer Sirofenicia muy tosca e inexplicable. Lo más probable es que para los lectores ordinarios de su época, sus palabras habrían sonado completamente normales y exactamente lo que ellos habrían dicho en semejante situación.

Lo que hace de esta historia algo espectacular es lo que acontece después. Cuando la mujer persiste en su petición a favor de su hija y aún acepta las palabras toscas de Jesús que intentaban rechazarla, Jesús por su parte ni se pone de mal genio ni continúa su rechazo hacia ella. Al contrario, el acepta el hecho de que ha sido su fe que la ha obligado a actuar fuera de las normas de una conducta aceptable para una mujer. El oyó su grito desesperado pediendo ayuda, y él la alaba en los términos más comedidos: “Oh mujer, grande es tu fe! Sea hecho así como tu deseas” (Mateo 15:28). Era precisamente este tipo de fe la cual era tan intensa que podía tumbar las barreras convencionales y llegarse en fe a Jesús, el Jesús mas valorado. Con similares palabras el honro una fe similar manifestada en la persona de un centurión (Mateo 8:10).

13. La mujer sorprendida en adulterio

Juan 8:1-11

Jesús simplemente rechaza el papel de alguien que está para reforzar el cumplimiento de la ley. Aunque el testimonio de los hombres Escribas y Fariseos, cuyo testimonio habría sido aceptado en la corte, es que “ésta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo del adulterio,” Jesús escoge compasión que restaura la mujer a la vida y la abre a la posibilidad de transformación, y rechaza la propia justificación de sus acusadores.

Los acusadores evidentemente esperaban algo de esta inaceptable conducta como respuesta por parte de Jesús. Es por eso que le trajeron la mujer. Ellos retaron a Jesús con la autoridad de Moisés y la ley a fin de sabotear su bien conocida tendencia a la compasión y al perdón. Pero el Señor no se deja intimidar. El no argumenta con ellos, pero después de una pausa responde con un mandamiento que no quita la importancia a la Ley pero si reta la honestidad de los acusadores: “aquel que esté sin pecado entre ustedes que tire la primera piedra” (Juan 8:7). La forma como Jesús tornó la acusación contra ellos tomó a los acusadores por sorpresa y causó un nivel de introspección que ellos no habían planeado. Después que los acusadores habían partido, Jesús expresó a la mujer su aceptación y la retó a cambiar su conducta: “Ni yo tampoco te condeno, vete y no peques más” (Juan 8:11).

Uno puede fácilmente entender cómo tales acciones por parte de Jesús crearían una reputación especial. Las mujeres que sentían la ponzoña del ostracismo y la condenación social se sintieron con confianza de acercarse a Jesús seguros de que el ni los regañaría ni los rechazaría.

Unos fariseos tientan a Jesús acerca de la legalidad del divorcio

Mateo 19:3-12 (5:31-32) Marcos 10:2-12

Cuando los Fariseos tientan a Jesús preguntando “¿está permitido que un hombre se divorcie de su esposa? (Marcos 10:2), ellos saben claramente que la ley contempla la realidad del divorcio y hace provisiones para ello (Deuteronomio 24:1-4). Un hombre era permitido divorciarse de su esposa si él encontraba algo indecente en ella le podía escribir un certificado de divorcio y dárselo a ella. Sin embargo, una mujer no se podía divorciar de su esposo. Esta interpretación unilateral de la ley hizo a la mujer vulnerable a la voluntad de sus esposos, los cuales a veces podrían ser maliciosos o caprichosos.

Jesús sin embargo, enfatiza que la provisión dada por la ley de Moisés, la cual reflejaba una posición dominante del varón sobre la mujer después de la maldición de Génesis 3:16, no expresa la voluntad original de Dios la cual los discípulos de Cristo deberían seguir. Jesús más bien cita Génesis 1:27 y 2:24 la cual expresa la situación antes de la “caída.”

Estos pasajes indican que los dos, hombre y mujer fueron “desde el principio de la creación,” No una transferencia de la mujer de su padre a su marido para pasar a ser propiedad de éste para ser descartada en divorcio si su marido así lo quería. La intención original de Dios indica que “el hombre dejará a padre y madre y se unirá a su mujer y los dos serán una sola carne” (Mateo 10:7-8). Jesús enfatiza que tanto hombres como mujeres están en un mismo plano delante de Dios y que el hombre no tiene ningún derecho sobre la mujer de tratarla como propiedad o de disolver la relación a su antojo.

15. Maria y Marta

Lucas 10:38-42

Cuando Jesús visita la casa de éstas dos hermanas, Marta y María, las dos respondieron diferente a su presencia. Marta cumple con su acostumbrado papel de ama de casa y se ocupa en servir a los invitados. María, sin embargo, inesperadamente actúa en una forma en que sería más aceptable para los discípulos varones de un rabino; ella “se sentó a los pies del Señor y le escuchaba lo que el decía” (Lucas 10:39). Marta ve que Jesús acepta a María mientras ella toma éste papel, y Marta se propone retar a Jesús para que le diga a María que le ayude con el trabajo del hogar.

Cuando Jesús le responde a Marta, el en ninguna manera condena a Marta o en ninguna manera menosprecia su trabajo, ella ha hecho una decisión por lo que ella cree que es propio de hacer, pero cuando ella intenta imponer su decisión sobre María, Jesús se rehúsa ayudarle.

Además, el Señor va aún más lejos. El muestra interés por la salud espiritual de Marta y por la de María. La forma como ella ha dejado que su opción la torne “inquieta y preocupada por muchas cosas” y hacerla pensar que María debe de seguirla en su opción presenta un problema. Aparte de no decirle a María que cambie su opción, Jesús urge a Marta que considere la opción de María y la simplicidad y foco que ésta le trae a su vida. El insiste que “una sola cosa es necesaria y María a escogido una buena porción, la cual no le será quitada” (Lucas 10:41-42).

A través de esta conversación no hay nada que indique que Jesús trata a ninguna de las hermanas diferente de cómo el trataría a algún discípulo varón o amigo. El respeta sus opciones y evalúa esas opciones por la forma como ellas afectan la vida espiritual de la persona. El les provee de guía sin ninguna condescendencia y sin faltarles al respeto y en ninguna manera cambia su amor por ellas.

La facilidad con la que Jesús acepta a María como discípulo quien se sienta a sus pies y escucha sus enseñanzas es maravillosa si se tiene en cuenta el contexto de los rabinos de la época. Un famoso consejo era dado a maestros en el Mishnah, una compilación de la ley oral Judía:

“No hables demasiado con mujeres. Ellos decían esto de la misma esposa, cuanto más dirán de la esposa del vecino! Por tanto los sabios han dicho: aquel que habla mucho con mujeres atrae mal sobre sí mismo y descuida el estudio de la ley y por último heredará el infierno”

Mishnah, Aboth 1:5

16. Marta y Maria en la resurrección de Lázaro

Juan 11:1-44

Cuando Lázaro, el hermano de Marta y de María, se enfermó, las hermanas informaron a Jesús en la esperanza de que el vendría y lo sanaría. El evangelio menciona que: “Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro” (Juan 11:5), pero él demoró su viaje de regreso a ellos hasta que Lázaro estaba muerto. 

Cuando finalmente Jesús llegó, Marta fue a encontrar a Jesús y demostró su decepción y su fe en El, “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Y aún ahora yo se que lo que pidas a Dios, Dios se lo concederá” (Juan 11:21-22). Su segunda afirmación expresa el hecho de que ella está abierta a aprender más acerca de lo que Jesús puede hacer más allá de lo que ella ha esperado de él hasta ese momento. 

Jesús responde como de costumbre en situaciones de aprendizaje, con una afirmación que puede tener más de un significado: “tu hermano resucitará” responde expresando su creencia en la resurrección en el último día, como si preguntara si tal creencia relativamente convencional era todo lo que Jesús quería decir. 

Jesús reconoce que Marta está lista para aprender y para creer más en Jesús en tiempo de crisis. Hacía poco que él había revelado nuevas cosas a Nicodemo y a la mujer Samaritana, pero el abre a Marta un misterio más grande acerca de él mismo, más profundo que el que ella ha entendido antes: “yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mi vivirá, aunque muera; y todo el que vive y cree en mi no morirá jamás ¿crees esto?” (Juan 11:25-26). 

La respuesta de Marta es muy similar a la confesión de Pedro en Mateo 16:16, pero aún más enfática. Como uno de los discípulos más cercanos de Jesús ella confesó: “Sí señor, yo creo que tu eres el Cristo, el hijo de Dios, el que ha de venir al mundo.” (Juan 11:27). Jesús escoge entonces el revelar a Marta que él es la encarnación misma de la resurrección y la vida, y ella responde a su maravillosa revelación con completa fe. 

Cuando María viene a Jesús, ella también expresa su desencanto en casi las mismas palabras que Marta usa. Jesús reconoce su profundo dolor y llora con ella antes de ir a la tumba. Cuando él llega a la tumba, el sella la revelación que él había concedido a Marta al resucitar a Lázaro de la muerte. 

17. Jesús es ungido por María 

Juan 12:1-8 

Aquí el servicio de Marta por Jesús y el amor tan profundo de Maria por Jesús son claramente manifestados en un banquete seis días antes de la fiesta de la Pascua. Marta sirve la comida y María unge los pies del Señor con un ungüento costoso y le seca los pies con sus cabellos. Como en Lucas 18:38-42 cuando éste contraste entre las hermanas se levanta, la devoción de María recibe la atención principal. Pero aquí el contraste no es en realidad entre Marta y María pero entre el acto de devoción de María y el comentario cínico e irrespetuoso de Judas Iscariote acerca del regalo de María. Jesús reprende al discípulo/traidor y aprueba el regalo extravagante de María como perteneciente a su entierro. 

18. La viuda que dio dos monedas de cobre 

Marcos 12:41-44 Lucas 21:1-4 

Sentados en el templo, Jesús llama la atención de sus discípulos acerca de la viuda que puso dos moneditas de cobre en el tesoro del templo. Su ofrenda significaba prácticamente nada en comparación con los grandes regalos de los ricos. Jesús sin embargo, conocía la motivación detrás de las ofrendas. Los ricos daban ofrendas que no les ponía en ningún riesgo o en ninguna dependencia en Dios, debido a que sus ofrendas eran producto de la abundancia. Ella, sin embargo, arriesgó todo en su dependencia en Dios al dar a él todo lo que tenía para vivir. Como viuda que era a lo mejor tenía muy pocos recursos, pero Dios la había preservado hasta ese momento, y ella confió en que él seguiría cuidando de ella. Jesús por tanto, mostró a esta mujer llena de fe, aunque destituida, a fin de enseñar a sus discípulos como confiar en Dios. 

19. Una mujer unge a Jesús 

Mateo 26:6-13 Marcos 14:3-9 [Lucas 7:36-50 Juan 12:1-8] 

En una historia muy similar en Juan 21:1-8 (pero llevada a cabo en la casa de Simón el leproso dos días antes de la crucifixión), una mujer anónima unge la cabeza de Jesús con un ungüento costoso. Otra vez, había algunos que estaban indignados, y la criticaron por el desperdicio. Jesús, sin embargo, la defendió: “déjenla en paz; ¿porque la molestan? Ella ha hecho una obra hermosa conmigo” (Marcos 14:6). 

La mujer no dice una sola palabra, pero Jesús se convierte en su voz. El da a éste acto un significado más profundo de lo que ella pensó, diciendo que ella ha ungido su cuerpo para dejarlo listo para su entierro. Jesús quiere enfatizar la importancia de este acto que él añade: “les aseguro que en cualquier parte del mundo donde se predique el evangelio, se contará también, en memoria de esta mujer, lo que ella hizo” (Marcos 14:9). 

20. Algunas mujeres lloran por Jesús en el camino a Gólgota 

Lucas 23:27-31 

Después que las multitudes se habían tornado en contra de Jesús y habían pedido su crucifixión, todavía había un gran número de mujeres que seguían a Jesús en el camino a Gólgota y “lloraban y se lamentaban por él” (Lucas 23:27). Jesús se detuvo a hablar con las mujeres y uso su lamento a fin de predecir el futuro desastre que caería sobre el pueblo judío. 

21. Mujeres en la cruz: María la madre de Jacobo y José 

Mateo 27:56 Marcos 15:40 (en la cruz) 
Mateo 28:1 Marcos 16:1 Lucas 24:10 (en la resurrección) 

22. Mujeres en la cruz: Salomé 

Marcos 15:40; 16:1 (en la cruz y la resurrección) 

Posiblemente la misma madre de los hijos de Zebedeo 

23. Mujeres en la cruz: María la mujer de Cleofás 

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, y la hermana de su madre, María, esposa de Cleofás, y María Magdalena. 

Juan 19:25

24. Mujeres en la cruz: La hermana de María la madre de Jesús 

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, y la hermana de su madre, María, esposa de Cleofás, y María Magdalena.

Juan 19:25 

Quizá es la misma María mujer de Cleofás. 

Aunque muy poco es conocido acerca de estas mujeres, la lista dada en los evangelios prueba que en la lista había varias mujeres que siguieron a Jesús todo el camino hasta Gólgota, mientras que casi todos los doce huyeron despavoridos del miedo. Ellas incluyen María Magdalena, Maria la madre de Jesús, la madre de los hijos de Zebedeo, y Juana, la mujer de Chuza, quienes fueron tratadas anteriormente. 

Marcos las describe como “mujeres que lo habían seguido y atendido cuando estaba en Galilea. Además había allí muchas otras que habían subido con él a Jerusalén” (Marcos 15:41). Estas mujeres habían, igual que los discípulos varones, dejado hogar y esposos para seguir al Mesías. Ahora ellas vieron sus esperanzas aparentemente rotas con la crucifixión de Jesús. 

Como ellas le habían servido al Señor en vida, ellas también querían servirlo en su muerte. Un grupo dirigido por María Magdalena vino a la tumba temprano en la mañana después del sábado a ungir el cuerpo con especies. Así que María Magdalena y las otras mujeres fueron las primeras en presenciar la realidad de la resurrección y el ser comisionadas por Jesús a testificar a los 11 apóstoles restantes, quienes deberían ser testigos a todo el mundo (Mateo 28:9-10). Jesús honro su devoción y les dio un papel importante de llevar a sus discípulos desde la duda y el desespero hacia la fe. 

Observaciones: ¿Que aprendemos de Jesús? 

1. Todas las interacciones de Jesús con hombres y con mujeres están dados en una situación histórica y cultural específica. Las limitaciones de tiempo, lugar, cultura, oportunidades, problemas, expectativas, etc. es todo lo que está envuelto en la encarnación de Dios en Jesucristo. Dios es universal e ilimitado. Pero cuando Dios escogió venir en carne en la encarnación, él vino a un lugar, en un tiempo determinado, a un pueblo en particular con todas sus esperanzas, prejuicios y problemas. Así que de continuo vemos a Jesús interactuando con hombres y mujeres no en un nivel abstracto y teórico sino en los problemas concretos de la vida diaria. El evangelio que él trae tiene que ser implementado y toma una forma particular dentro de un contexto concreto y una cultura concreta. 

Cada situación cultural es compleja y trae consigo una gran variedad de opciones. La vida de Jesús no es una excepción, esta tuvo lugar dentro de una situación cultural propia de su tiempo y lugar. Pero una de las mejores formas en las cuales nosotros podemos ver el bosquejo distintivo de la vida de Cristo, es ver como y cuando el denuncia y se revela contra los prejuicios y practicas propias de su tiempo. Las interacciones de Jesús con las mujeres sobresalen en forma distintiva dentro de su cultura. 

2. Jesús trata a cada mujer que el encuentra con respeto y sin ser despectivo. Los chistes y comentarios derogatorios propios de la época en contra de la mujer son bien conocidos en la antigüedad y aún en tiempos modernos, pero a Jesús no se le oyó ninguno de ellos. Jesús trata a hombres y a mujeres de la misma 

manera sin hacer ningún exhibicionismo al respecto. El simplemente asume que los dos, hombres y mujeres son valiosos, inteligentes, y amados por Dios y merecedores de su tiempo y cuidado. Jesús dio la bienvenida a la presencia de mujeres como amigas y compatriotas y nunca el sugiere que ellas tenían que ser confinadas a un “trabajo femenino” o “a un papel de mujeres.” El hablo libremente con mujeres y no intento en ninguna manera en silenciarlas como si sus pensamientos no fueran tan valiosos y dignos como los de los hombres. Cuando el encontró mujeres silenciadas por ostracismo o por condenación por la gente a su alrededor, el les dio voz al valorarlas y alabar sus acciones y su fe y al llamarlas a la obediencia a Dios. 

3. Jesús conoce de las barreras y los prejuicios de la sociedad en la que vive, y el se esfuerza en romperlos. El lleva a cabo una conversación teológica seria con una mujer Samaritana marginada. El es totalmente libre de vergüenza ante el amor extravagante de una mujer pecadora quien había experimentado el perdón de Dios, e insiste en que un Fariseo juzgador aprenda de ella. El resiste a una turba de Escribas y Fariseos al defender a una mujer cogida en adulterio y le da a ella una oportunidad para una nueva vida. Aunque la ley de Moisés había sido interpretada a fin de dar al hombre un poder ilimitado para disolver sus matrimonios, Jesús insistió que ese poder no era el producto de la voluntad de Dios. 

4. Al contrario de cualquier otro maestro Judío conocido en esa época, Jesús da la bienvenida a mujeres que querían ser discípulos. El les permitió viajar con sus discípulos varones si ellas querían, aún cuando estaban dejando hogares y esposos por seguirlo a él. Varias mujeres encontraron sus enseñanzas tan poderosas y liberadoras que ellas siguieron a Jesús en sus viajes largos de Galilea a Judea a confrontar los líderes de Jerusalén. 

Las expectativas y los prejuicios de la época limitaron el papel que la mujer pudo haber cumplido al ser testigos oficiales ante el mundo de la resurrección de Jesús, pero Jesús hizo de las mujeres sus primeros testigos al comisionar a María Magdalena y otras mujeres de ir y anunciar la resurrección a sus apóstoles. Jesús mostró que el consideraba a la mujer completamente competente y capaz como el resto de sus discípulos. 

Jesús mostró que tanto valora a la mujer al conceder a varias de ellas una revelación especial. Fue a la mujer Samaritana a la primera que el le contó que él era el Mesías. Fue a Marta a la primera que le reveló que él era la resurrección y la vida. 

5. Jesús nunca dio ni la menor impresión de que las mujeres entres sus discípulos deberían estar calladas siempre cuando ellas venían a adorar a Dios. Al contrario, Jesús le dijo a la mujer Samaritana que ninguna de las barreras de lugar, y practica, las cuales eran tan disputadas en la época, le interesaba a Dios. El único criterio que le concierne a Dios es si el adorador adora en espíritu y en verdad—Culto lleno del Espíritu que hace honor al hecho de que Dios es Espíritu. 

La vida distintiva de Jesús 

La vida distintiva de Jesús se destaca y claramente reta a sus discípulos a seguirlo a él. En generaciones tardías, la iglesia casi perdió por completo la visión de Jesús al aceptar toda clase de gente, tanto hombres como mujeres, como seres humanos completos quienes deben servir como discípulos tan completamente como sus dones espirituales lo permitan. Pero la figura de Jesús nunca cesa de ser relevante para la vida de la iglesia o para retarla. Tan pronto como clamamos ser discípulos de Cristo, su ejemplo se nos atraviesa como el más alto y autoritativo estándar para conducirnos como iglesia, el cuerpo de Cristo. 

Jesús era increíblemente intenso en la forma que el valoro y dio poder tanto a hombres como a mujeres en medio de su cultura altamente restrictiva. La tendencia de tratar a la gente con estereotipos estaban en todas partes a su alrededor – recolectores de impuestos, pecadores, mujer de la ciudad, fariseo, zelote, mujer de la cocina, pescador iletrado, esposa de cortesano, centurión gentil, y muchos otros – Sin embargo Jesús invariablemente rechazo los estereotipos y acepto a cada persona con dignidad y valor. En nuestro día, el ejemplo de Jesús reta a sus seguidores a hacer lo mismo. Nosotros enfrentamos muchas menos restricciones para tratar a cada persona con dignidad y como iguales delante de Dios, que lo que tuvo que enfrentar Jesús, y sin embargo nosotros tenemos las mismas tendencias de tratar a las personas con estereotipos como lo hicieron los contemporáneos de Jesús. Cuando las barreras de género, raza, grupo étnico, clase, y estado económico evita que las personas sean tratadas como iguales en el cuerpo de Cristo, nosotros aun no hemos aprendido la lección de nuestro Maestro. 

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